La primera nevada siempre pilla por sorpresa
Cada año es la misma historia. Llega octubre, caen las primeras heladas serias en las parroquias altas y el taller empieza a recibir las mismas llamadas. Coches que no arrancan, patinazos en la primera rampa y gente que se da cuenta de que sus neumáticos están lisos justo cuando tienen que subir a trabajar.
Preparar el coche para el invierno en Andorra no es una opción, es una necesidad. Y no hablo solo de cumplir la normativa, que también, sino de pura seguridad y de evitarse problemas gordos. No es lo mismo circular por un llano que enfrentarse a nuestras carreteras con sus pendientes y sus cambios de tiempo.
Neumáticos: la eterna duda entre invierno y 4 estaciones
La pregunta del millón. ¿Pongo neumáticos de invierno o me valen unos de cuatro estaciones? La respuesta corta es: depende de por dónde te muevas.
Los neumáticos de invierno (con el pictograma 3PMSF, la montaña de tres picos con el copo de nieve) son obligatorios para circular por Andorra desde el 1 de noviembre hasta el 15 de mayo, a no ser que lleves cadenas en el maletero. Pero más allá de la obligación, su compuesto de goma está diseñado para no endurecerse con el frío extremo y su dibujo evacúa mejor la nieve y el agua.
¿Cuándo elegir cada uno?
- Neumáticos de invierno puros: Si vives en una zona alta (Canillo, Ordino, Pas de la Casa) o subes a pistas cada fin de semana, no lo dudes. Su agarre en nieve y hielo es superior. Son tu seguro de vida en las peores condiciones.
- Neumáticos 4 estaciones (All Season): Si te mueves principalmente por el valle (Andorra la Vella, Escaldes) y solo subes puntualmente, pueden ser una solución cómoda. Han mejorado muchísimo y los modelos buenos con certificación 3PMSF cumplen la normativa y dan buen resultado en frío y lluvia. Eso sí, en una nevada fuerte o con hielo, no son un neumático de invierno puro.
El error que vemos a menudo es apurar el cambio hasta el último día o montar neumáticos de invierno de marcas muy baratas. Un buen neumático es lo único que te pega al suelo. No es un gasto, es una inversión en no tener un susto.
El líquido anticongelante: el gran olvidado
Casi nadie le presta atención hasta que el coche deja un charco en el suelo o salta un aviso de temperatura. El líquido anticongelante, o refrigerante, no solo evita que el agua del circuito se congele y raje el motor. También previene la corrosión y mantiene el sistema limpio.
Con el tiempo, pierde propiedades. Lo que hacemos en el taller es comprobar su punto de congelación con un refractómetro. Si está por debajo de la protección necesaria para nuestras temperaturas (buscamos protecciones de -30ºC o más), hay que sustituirlo. No vale con rellenar con agua, porque eso diluye la mezcla y empeora la protección.
Revisar el nivel es sencillo: con el motor en frío, mira el vaso de expansión. Debe estar entre el mínimo y el máximo. Si tienes que rellenar a menudo, es síntoma de una fuga. Y eso, en invierno, es un problema serio.
La batería: el frío no perdona
A una batería le pides el mayor esfuerzo (arrancar el motor) justo cuando está en sus peores condiciones (a temperaturas bajo cero). Por eso la mayoría de las baterías “mueren” en la primera ola de frío.
Una batería que en verano funciona sin problemas puede no tener fuerza suficiente para arrancar a -5ºC. En el taller podemos comprobar su estado de salud con un tester específico que mide su capacidad de arranque en frío (CCA). Si la batería ya tiene unos años y da valores bajos, es mejor cambiarla antes de que te deje tirado.
Un consejo: si el coche va a estar parado varios días con mucho frío, intenta arrancarlo un rato cada día o, si puedes, usa un mantenedor de baterías.
Ver y ser visto es fundamental
En invierno hay menos horas de luz, más niebla y más precipitaciones. La visibilidad es crítica.
Escobillas del limpiaparabrisas
Si las escobillas dejan un rastro de agua, hacen ruido o van a saltos, es hora de cambiarlas. El sol del verano las reseca y al llegar el frío y el hielo, se rompen. Es una de las cosas más baratas de cambiar en un coche y una de las que más afectan a la seguridad. Asegúrate también de que el líquido limpiaparabrisas sea específico para bajas temperaturas, para que no se congele en los conductos.
Luces
Date una vuelta alrededor del coche con todas las luces encendidas: posición, cruce, carretera, intermitentes, antinieblas y freno. Que un amigo te ayude a comprobar las de freno. Una bombilla fundida no solo es motivo de multa, sino un riesgo evidente. Los faros de plástico que se han vuelto amarillentos u opacos también reducen mucho la visibilidad; existen tratamientos para pulirlos y que vuelvan a alumbrar correctamente.
Un pequeño kit de emergencia por si acaso
No ocupa casi nada en el maletero y puede marcar la diferencia entre un mal rato y un problema grave. No hace falta volverse loco, pero llevar unas cosas básicas es de sentido común:
- Cadenas: Aunque lleves neumáticos de invierno, si hay una nevada muy bestia o te encuentras una placa de hielo en una cuesta, te pueden sacar del apuro. Practica cómo ponerlas en casa, con tranquilidad.
- Rascador de hielo: Fundamental. Nunca uses agua caliente para quitar el hielo del cristal, que puedes romperlo por el cambio de temperatura.
- Guantes: Para poner las cadenas o simplemente para no helarte si tienes que salir del coche.
- Una pequeña linterna: Por si la avería te pilla de noche.
- El móvil cargado: Parece una obviedad, pero es lo más importante.
No dejes la revisión para cuando ya tengas la nieve en la puerta del garaje. Un par de horas de mantenimiento preventivo en otoño te ahorran muchos disgustos y dinero durante el invierno.