Guía completa

La bajada es la verdadera prueba

Subir el Port d’Envalira cuesta motor; bajarlo cuesta frenos. Lo mismo pasa con la bajada desde Ordino o la que trae de La Rabassa a Sant Julià de Lòria. Durante kilómetros, el sistema transforma la velocidad en calor, y si el conductor lleva el pedal pisado todo el rato, pastillas, discos y líquido se calientan mucho más de lo que se calentarían en ciudad. Ahí es donde un líquido viejo se delata: absorbe humedad con los años y, muy caliente, el pedal se vuelve blando.

Lo que deja el invierno

La otra cara de los frenos en Andorra es la corrosión. Los fundentes que se echan en la calzada se meten en las pinzas, en las guías y en los tubos rígidos que recorren los bajos. Las consecuencias más habituales que vemos:

  • pinzas que se agarrotan y dejan una pastilla rozando;
  • guías secas que hacen que el desgaste sea desigual;
  • discos con el borde comido por el óxido;
  • tubos de freno con picaduras que aún no pierden, pero lo harán.

Por eso, en primavera, levantar el coche y revisar los frenos con calma es una buena costumbre.

Medimos y te lo enseñamos

No cambiamos discos por sistema. Medimos su grosor y lo comparamos con el mínimo del fabricante; si aún tienen vida, se quedan. Si una pinza está agarrotada, buscamos si se puede limpiar antes de proponer cambiarla. Y el líquido se cambia cuando el medidor lo pide, no por costumbre.

Después del cambio

Las pastillas nuevas necesitan unos kilómetros de asentamiento. Evita las bajadas largas con frenadas fuertes justo después de salir del taller, si puedes.

Garantía

Mano de obra con la garantía legal vigente; recambios con la garantía de su fabricante.