Guía completa
Un país en cuesta
Pocas cosas desgastan tanto un embrague como arrancar en pendiente. Y en Andorra se arranca en pendiente casi siempre: al salir del aparcamiento subterráneo, en los semáforos de la avinguda Meritxell cuando la calle sube, en la cola de la frontera del Riu Runer o en la retención hacia Encamp un sábado de esquí. Cada una de esas maniobras hace que el disco patine un poco. Sumadas durante años, explican por qué los embragues de aquí no llegan tan lejos como en una ciudad llana.
Lo que comprobamos antes de dar un veredicto
No todos los embragues que huelen a quemado están gastados. A veces el olor viene de una rampa larga hecha con mucho pedal y el disco aún tiene vida. Por eso probamos:
- Si patina en marcha larga con el motor cargado.
- Dónde coge el pedal.
- Si hay vibraciones o golpeteos al ralentí que apunten al volante bimasa.
- Si el pedal vuelve bien o se queda bajo, señal de bombín.
El volante bimasa
Muchos diésel y bastantes gasolina modernos lo llevan. Amortigua las vibraciones del motor, pero también se desgasta. Cuando cambiamos el embrague, lo medimos. Si está bien, no se toca. Si está cerca del final, te recomendamos cambiarlo en el mismo trabajo, porque para llegar a él hay que bajar la caja de cambios igual.
Costumbres que ayudan
- En una rampa, sujeta el coche con el freno, no con el embrague.
- No subas a Envalira en una marcha larga a pocas vueltas: reduce.
- En retenciones, punto muerto y freno mejor que pedal a medias.
Garantía
Mano de obra con la garantía legal vigente; kit con la garantía de su fabricante.