Guía completa
Más esfuerzo con menos aire
A la altitud de Andorra la Vella, y mucho más al subir hacia el Port d’Envalira, el aire es menos denso. El turbo tiene que comprimir más para que el motor reciba la misma cantidad de oxígeno, y eso significa girar más deprisa y calentarse más. No es un problema para un turbo sano, pero sí acerca al límite a uno que ya tenía desgaste, y por eso muchos fallos se manifiestan precisamente en las subidas largas del Principat.
Antes de pensar en cambiarlo
Sustituir un turbo es una reparación seria. Antes de recomendarla, descartamos lo que más a menudo se confunde con él:
- Manguitos y abrazaderas. Una pequeña raja deja escapar aire a presión. El motor pierde fuerza y el sonido cambia.
- El intercooler. Los golpes de gravilla y la corrosión le pasan factura.
- El sensor de presión. Si mide mal, la centralita corta potencia aunque el turbo esté bien.
- La geometría variable. En diésel de trayectos cortos, la carbonilla agarrota las aletas y el turbo no regula.
Si el turbo está dañado
Cuando el eje tiene juego o las aletas están tocadas, toca sustituirlo o repararlo. Pero lo importante es saber por qué ha fallado. Las causas típicas son un engrase deficiente, aceite viejo o inadecuado, o la entrada de algo por la admisión. Si no se corrige la causa, el turbo nuevo tendrá la misma vida que el anterior.
Cómo cuidarlo en los puertos
- Deja que el motor se caliente antes de pedirle fuerza, sobre todo en invierno.
- Al llegar arriba, o al aparcar tras una subida larga, espera unos momentos al ralentí antes de apagar.
- Respeta los cambios de aceite: el turbo depende de él para engrasarse y refrigerarse.
Garantía
Mano de obra con la garantía legal vigente; recambio con la garantía de su fabricante.