Guía completa

Los amortiguadores no se rompen de un día para otro. Pierden eficacia poco a poco, y el conductor se va adaptando sin darse cuenta: frena un poco antes, toma las curvas un poco más despacio. Por eso a menudo nos dicen, después del cambio, que no recordaban que el coche fuera así de estable.

Carreteras que los ponen a prueba

Pocas rutas exigen tanto a la suspensión como las del Principat. La CG-2 hacia Encamp y Canillo, la CG-3 hacia Ordino o la carretera de Arinsal encadenan curvas en las que el coche pasa constantemente de un apoyo a otro. A eso se suman los baches que deja cada invierno el hielo y las juntas de los puentes. Si además el coche lleva cofre de techo con esquís o el maletero cargado, el amortiguador trabaja todavía más.

Lo que miramos

  • Fugas. Un amortiguador húmedo de aceite ha perdido parte de su capacidad.
  • El vástago. La sal y la humedad pueden picarlo, y entonces el retén se daña con cada recorrido.
  • Topes y guardapolvos. Si están rotos, la suciedad entra y el desgaste se acelera.
  • Copelas. Su holgura produce golpes al pasar por baches o al girar el volante en parado.

Por qué cambiarlos por parejas

Los dos amortiguadores de un eje trabajan juntos. Si se cambia solo uno, el coche se apoya distinto según hacia qué lado gire, algo poco deseable en una curva con nieve. Siempre los proponemos por ejes, aunque no siempre hace falta cambiar los cuatro.

Seguridad, no comodidad

Un amortiguador gastado no solo hace el coche más incómodo. En una calzada irregular, la rueda pierde contacto con el suelo durante un instante, y eso se traduce en más distancia de frenada y menos agarre en curva.

Garantía

Mano de obra con la garantía legal vigente; amortiguadores con la garantía de su fabricante.